Jugar, jocs, joguines i salut mental.

Avui parlarem de tipus de joguines i metodologies d'aprenentatge basades en el jugar amb la Claudia i la Carmen, mares i emprenedores del projecte www.jugarijugar.com 

Quan hi ha massa regals a la carta? Sabem quines joguines aportaran més felicitat i serenor als nostres fills i filles? I per a nosaltres? Ja sabem quanta estona juguem i amb què ens divertim cada dia? 

"Es en el juego y sólo en el juego que el niño y el adulto son capaces de ser creativos y usar el total de su personalidad, y sólo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo".
Donald W. Winnicott

En José Miguel Barahona Martínez, Psicólogo clínico y psicodramatista de la Unidad de Salud Mental C.E.P. de Torrejón de Ardoz, Madrid, ens diu:

El adulto sano desde esta perspectiva es aquel que se asemeja al niño sano; es decir, aquel que se da permiso para jugar y se entrega a vivir su experiencia en el presente, con plenitud. Un adulto sano se entrega al juego como actividad placentera para liberarse -o sustituir por algo más controlable y predecible- las tensiones y reglas impuestas por la cultura en una elección donde se actualizan sus potencialidades.

Cada vez son más los psicólogos, médicos y pedagogos que vinculan el declive del juego libre, espontáneo y sin supervisión de adultos con el aumento de las enfermedades mentales infantiles, en especial de la depresión y la ansiedad

Si usted es de los que alza a su hijo para que suba a las barras de equilibrio o a un árbol, de los que le advierte constantemente que se va a caer del tobogán, o de los que interviene cuando discute con otros niños por un juguete o por quién ha ganado, sepa que le está haciendo un flaco favor, que está comprometiendo su desarrollo psicológico.

José Ramón Ubieto, profesor de Psicología de la UOC, ens diu que: "El juego es el instrumento que tienen los niños para interpretar la realidad, para entender cómo funciona la vida y para explicarlo todo, y si se pauta, codifica y vigila mucho, si les decimos qué han de hacer en cada momento, se les quitan herramientas para que luego puedan inventar respuestas con sus propios recursos a las situaciones vitales que se le presenten, cosa que tiene relación directa con la depresión y la ansiedad."

El neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres (Plataforma Editorial), explicita con más contundencia: "No es que el juego influya en el desarrollo psicológico sino que es una necesidad psicológica; y cuando los padres nos entrometemos y les advertimos, cuando les decimos hasta cómo se tienen que sentir, se les quita confianza, y un niño con menos confianza se siente más inseguro, más vulnerable, y tiene más riesgo de caer en depresión"

Katia Hueso, cofundadora de Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes, la primera escuela infantil al aire libre que se creó en España, y autora de Somos Naturaleza. Un viaje a nuestra esencia (Plataforma Editorial), explica que cuando los niños tienen libertad a la hora de jugar, el juego en sí dura poco porque pasan la mayor parte del tiempo pensándolo, consensuando qué van a hacer, con qué y cómo, de modo que trabajan la creatividad, la imaginación y la fantasía además de las habilidades sociales.

Y remarca que si además de jugar con libertad lo hacen al aire libre, la combinación resulta aún más poderosa y beneficiosa para su salud mental, porque tienen más espacio, más materiales con los que jugar, aparecen más imprevistos a los que adaptarse y mayor sensación de libertad y serenidad. "Si el niño sale a jugar al campo y lo encuentra encharcado tendrá que jugar con el charco y no con el suelo, y eso significa gestionar los cambios, adaptarse y hacer cintura, que son cosas que vienen muy bien en la vida adulta para sobrellevar las cuestiones que no podemos controlar"

"El decidir libremente con quién, dónde, cuándo y a qué jugar permite la adquisición de habilidades y destrezas, obliga a aceptar, negociar, pactar, tomar decisiones, resolver conflictos, ensayar, equivocarse, asumir riesgos, sobrepasar límites, y eso mejora la confianza y la resiliencia, es decir, la capacidad de sobreponerse de manera optimista a las adversidades", responde Jaume Bantulà, director del grado en Actividad Física y Deporte en Blanquerna-URL y miembro del Observatorio del Juego Infantil.

Bantulà apunta: El declive del juego libre no es sólo consecuencia de la superprotección de los padres. La tendencia a vivir en ciudades o grandes núcleos urbanos, el aumento del tráfico, los hábitos de vida, los extensos horarios laborales e incluso el tipo de urbanismo y las políticas infantiles desarrolladas durante décadas también han limitado el juego infantil. En las ciudades, los niños y sus juegos han desaparecido de las calles; fuera de los parques infantiles y las zonas de recreo, molestan. "Y a menudo esos espacios de juego público se caracterizan por su seguridad pero no invitan al juego espontáneo y creativo, y en ellos padres y madres supervisan las actividades a escasa distancia".

Por ventajas que tenga el juego sin supervisión al aire libre hoy resulta inimaginable dejar que los niños salgan solos a la calle para jugar con amigos. Las ciudades no son demasiado amables, es difícil encontrar lugares donde los niños puedan apartarse y explorar tranquilos y sin que los padres teman por atropellos, robos o secuestros. Pero sin descuidarlos, se les puede dejar "solos" por la vía de no intervenir cuando se les acompaña al parque o a la plaza. "Es importante que desde pequeñitos no interrumpamos el juego de los niños, dejarles a su aire, no interferir cuando interaccionan con otros bebés en el arenero ni ayudarles a trepar al tobogán... Hay que darles espacio y tiempo, quedarnos fuera del recinto y no intervenir en sus disputas salvo que haya agresiones físicas o abuso porque el conflicto se plantee con un niño mucho más mayor", explica Álvaro Bilbao.

Bilbao explica que hay estudios que constatan que en los parques de aventura donde hay elementos peligrosos (cuerdas, botellas, serruchos, clavos...) y los adultos tienen vetada la entrada hay menos accidentes que en los parques convencionales donde los padres están constantemente diciendo "cuidado con eso" o "no te subas ahí".

Hueso subraya que cuando los adultos dejan espacio y no intervienen dan al niño no solo la oportunidad de explorar jugando, sino también de aburrirse, de frustrarse, de examinar sus ideas o de alejarse a un rincón para estar solo, "cosas muy importantes para la salud mental".